La mediática
Marcar a alguien es mirarlo insistentemente con mayor o menor disimulo. Yo lo hice con una mujer excepcionalmente atractiva. En un restaurante. Ocupaba ella, con un tipo achicharrado por tanta belleza, una mesa vecina. Aquel es un sitio caro al que me llevan de invitado muy de tarde en tarde.
He llegado por fin a casi no amargarme por lo mediocre de la situación social que ocupo; por –reconozcámoslo- mi insignificancia en círculos de gente adinerada.
Allí estaba fuera de mis territorios y marqué con discreción y poca insistencia a aquella mujer indiscutiblemente cara. Como tengo cierta edad no me precipité a ilusionarme pero considero un hecho que mis escasas miradas fueron recibidas e incluso atendidas con expectación. Es muy normal que mujeres de perfil histriónico vivan en permanente fagotización de la atención ajena, pendientes siempre del efecto que originan, de la confirmación de su poder seductivo.
La cena discurría entre bocados exquisitos y un vino muy bueno. Yo no era, claro, el único oteador. Como aquella pareja era fumadora, salían a cada rato del recinto a pegarse unas caladas. Y entonces se veía un conjunto de cadera –cintura- pierna más que cualificado para destacar en pasarela.
Se marcharon ellos primero, y en nuestra mesa no habían faltado los comentarios, sobre todo en relación a la actitud rendida y obsequiosa del tío, que parecía que nunca se hubiese visto en otra.
¿Se han percatado de que últimamente la mediática asocia café y adelgazamiento? La relación queda enfatizada desde diferentes enfoques, pero la moraleja es siempre que un café tiene tal poder saciante que, recurriendo a él, se pierden kilos.
Cuando la crisis estaba en su más sádico esplendor los abogados, muchos de ellos, disponían forzosamente de tiempo libre. Yo visité a uno de esos profesionales al que conozco desde siempre; le planteé el problema de poder cobrar al organismo que defiende los intereses cafeteriles a cambio de una buena idea, la de relacionar café y adelgazamiento…
Hace poco me ha entregado unos miles de euros y dice que habrá más. Dispongo de unos fondos extra que me han complicado la vida.
No soy de putas, no así F. J que, a la madurez, descubrió el sexo mercenario y anda obsesionado con poseer al mayor número de profesionales posible. Insistió un día en que lo acompañase a un hotel donde se comercia con esa carne venal y tomamos copas con una morita muy guapa y una sudamericana explosiva, una brasileña. Estando allí vi pasar camino del ascensor a la supermujer del restaurante y mi amigo se lamentó de que no podía pagarla, de que era la scort más cara de la ciudad, y me explicó cómo dar con ella.
No soy de putas, y estuve charlando con Emma hasta que el instinto, en parte a mi pesar, me venció. Pasé la mañana en casa de esa cortesana que vende sus atributos físicos junto a una muy ilustrada conversación llena de ocurrencias. Su encanto, natural y adquirido a un tiempo, la hace infinitamente deseable. Es una joya humana.
En nuestro tercer encuentro, mientras me transportaba al éxtasis con una sabiduría que atribuyen también a una fam osísima del papel cuché… Apareció el desagraciado con el que la vi en el restaurante. Aquel bastardo, en su delirio erotonamo, exigía una exclusividad que impuso a tiros. Si quieren más información la encontraran en la jodida mediática.