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Porqué

Un día con mucha luz, una mañana temprano en la Alameda de Hércules de Sevilla, vi cómo la atravesaba de modo transversal el excelentísimo señor Don Antonio Muñoz a la sazón alcalde de Sevilla: lo abordé sin conocerlo planteando que es inadmisible la situación de los mendigos que duermen tirados por las calles. Recuerdo que, con gran amabilidad, coincidió conmigo, dedicando buenas palabras a su equipo de intervención social.

De hecho el albergue municipal es un triste fracaso: entre sus horarios y condiciones, la falta de seguridad... Se comete otra desatención hacia esos ciudadanos que son nuestros vecinos. Y eso en una sociedad que se dice "mariana" y por tanto observante (teóricamente) del deber de la caridad con el prójimo. Esa sociedad que se dice "progresista", socializante y que, indiferente, ve cómo sufren los parias de la tierra, a los que no socorre. Una sociedad que utiliza los fondos supuestamente destinados a los pobres en todo tipo de operaciones... Dudosas.

Vemos pues que la mal llamada casta política no socorre ni se esfuerza en, no ya acabar con la miseria, sino ni siquiera en paliarla. La Dignidad Humana... ¡Qué sarcasmo!

Se escatima igualmente el dinero para los enfermos mentales, que malviven en las secciones psiquiátricas de los hospitales. Yo lo sé bien: pertenezco al porcentaje de los enfermos que en toda sociedad existe. Soy Bipolar. Conozco bien los psiquiátricos. En algunos jamás entra el sol. El personal de seguridad permanece en la entrada, y los enfermos amontonados, arrostran verdadera inseguridad, auténtico abandono combatido por psiquiatras competentes y un personal en general abnegado que son los primeros en sufrir la tacañería de las autoridades. Y es que los locos no son rentables electoralmente.

Con esas carencias de lesa inhumanidad un alcalde que, con su equipo, y recién llegado, pretendió construir un barrio de lujo en la inundable Tablada... ¡Qué se puede esperar! Sino que, cual Atila tecnocrático decida despilfarrar el dinero en unas obras no urgentes ni indispensables en la Alameda de Hércules, que si es un éxito de público y crítica, donde se convive en paz, se progresa, y se mantiene, aún! La identidad sevillana, que parece repugnar a estos ingenieros sociales que quieren convertirlo todo en un parque temático desalmado.

Pues sí, equipo rector de la ciudad, quitad vuestras manos de la Alameda. Pobladla de árboles, atended a sus necesidades, y no la mejoréis destruyéndola. Si esta sociedad sin pulso permanece pasiva merecerá que sus hijos sean expulsados a los extrarradios y que, en vez de Sevilla, sean la cola de algo vivo (pero muerto) que, en un ejercicio de masoquismo electoral, entreguen a una minoría que no está por encima de toda sospecha.