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Perdones

Portada del poemario Perdones de Manuel Darnaude

Derrota

No esperéis que condene la vida y la maldiga, mancillándola con palabras que den cuenta del horror que acompaña a la tristeza. Pero dejad que asegure sin reservas, que para mí la vida ya está muerta.

No creo que al valle lo bañen sólo lágrimas: tengo memoria de tardes satisfechas, de deleites, de alegrías y de promesas.

La derrota es mía y de otros muchos, pero no obligatoriamente vuestra.

Volver

Ahora que he vuelto, y que de nuevo me llama la sangre, son acaso, arcilla de mi destino, mujeres que de pronto me brillan en el aire

Con alguna he de incendiar una inmensa hoguera

Acampar en cama secreta, y ofrecer, alegres, más de mil sacrificios en el altar de Venus, hasta que caigan las gotas escondidas en el cielo

Y desde aquella confianza echada y satisfecha, voluptuosa, reviviremos trozos de la vida, de los que irán cayendo verdades allí muertas, que irán resucitando con los besos, y bailarán, rápido y despacio, con los vaivenes santos del amor perfecto

La nueva perspectiva placentera —que yo haría general y obligatoria— compensará con tantas creces mis dolores que no me importará nacer de nuevo para hacer, con otra encarnadura, la fusión del espíritu y la carne, hasta consumar la muerte del anhelo.

¿Perdón?

Tengo hasta derecho a suicidarme porque sufrí más de lo admitido en vuestras leyes;

Tengo derecho a despeñarme en abismos de soberbia y vanidad, pues he purgado pecados de otra carne manteniendo entera mi bondad

He sido pagano de unos odios que nada tenían que ver conmigo: podría quemaros lentamente y los ángeles firmarían como testigos

Sin embargo la amo y la bendigo, y ese amor ha hecho brotar vuestros perdones. Daré ideas, riquezas y canciones, en vez de asfixiar todas las almas con la nube justiciera del castigo

Pero aprended al menos, ex-hermanos, que si no estáis obligados a ser buenos, ni tenéis que remediar a los mendigos, ni limpiar las aguas de los ríos, ni donar vuestro libro o vuestro trigo…

Si no respetáis a los que sufren y añadís el desprecio a su desdicha, mataré las cosas que ahora digo, y no habrá amor capaz de detener, a los rayos que penden de los cielos, ansiosos de escuchar que yo os maldigo.

Cronos

A ti, a mí, y a todos nos queda el tiempo justo. Justo sería si muriésemos ahora, justo será también ese futuro, si en agotarse tarda, y se demora.

Comprendo el llanto de los deudos del finado reciente que se enfría en su lecho, mas no comparto los reproches que su dolor inflige sobre el tiempo, al que juzgan siempre, adelantado intruso cuando cierran los ojos de sus muertos

El tiempo es siempre justo, sí: podemos intentar rezarle y detenerlo, o aturdirnos en él y apresurarlo; pero al final vendrá, como las lluvias, en tormenta que arrastra lo que ha hecho

No es la muerte culpable en ningún modo, es sólo un momento denostado que paga las cosas de su padre

Del Cronos que rueda imperturbable, ajeno a las plegarias, implacable, como el crupier discreto que reparte lo que mandan los dados ya lanzados, sabiéndose juez, y también parte, de un juego eterno inaplazable en que sólo se da lo que se ha dado.

Nadie escapa a las cuentas que se trae entre sí el tiempo impenetrable, que rifa entre nosotros su momento, ese que viste de luto cualquier tarde: el que llamamos muerte, muy distantes, sin acertar a comprender, ¡ay!, que sin él, no seríamos parte de este baile en que vida nos prueba y se entretiene viéndonos bailar en un va y viene, huyendo sin parar de lo que somos obligados a pechar con lo que mande

Amemos al tiempo aceptemos que somos mil momentos, y vivamos plenamente los instantes hermanados al cosmos infinito, en vez de convertir esos mil besos en mil sacrílegos lamentos

Protestar es un error, os lo repito es mejor amar, ya que nos aman, y abandonar cualquier otro prurito gozar bajo este cielo sin azar pues el caos no existe en absoluto: sabemos que tras el este está el poniente, y que Dios mora en nosotros desde siempre.

Sembrar

Sangras tus males sin turbarte, pues para ti los males son cosa que se exuda. Pero manchas así, sin percatarte, los campos de las aves y los faunos, los bosques de las hadas, las casas agrupadas del poblado. Si esparces tus venenos sin recato, sembrarás la simiente de lo malo, que nutre, en cadena inacabable, odios, desgracias y pecados: sombras que tiznan de locura, lo bueno y lo bello, lo sagrado.

Optimismos

Los apremios del tiempo, casi todos, arrumbados con la urgencia tras puerta cerrada para siempre

La propia estimación sustraída a la calle y a las gentes, reducida a íntima convicción inalterable, eufónica, ecuánime y propicia, favorable

Vivir sin quimera que drene la alegría; sin cuidados que la lastren: sin ansias, sin lágrimas, sin reproches ni porfías

Agradecer para siempre que a la aurora vuelve al día; que eso cesará cuando me venza la muerte amiga que susurra que tras ella puede haber otra aventura

Y en amor… no renunciar al dardo que vuela; surcar como el barco surca los mares con su vela, y gozar con la carne, con la sombra, con el alma… y con la entrega.

Casa

Te dejo tumbada en tu cama, en tu casa, abandonando esa tu mirada llena de algo que siempre me subyuga

Por acariciarte prevaricaría, por abrazarte defendería cualquier causa perdida; por ser tu hombre acortaría gustoso mi vida

Pero todo es más simple y más difícil y parece que, como casi siempre, nos irá dictando el tiempo lo que haya de ocurrir

Y mejor que maldecir al destino y quebrar el vaso sagrado y usar el cristal contra la garganta de la inocencia, mejor que destrozarlo todo y destruirlo… será silbar una canción y abandonar despacio el escenario.

Estatua

Has pasado fugaz y briosa, has ocupado mi atención como los romanos tomaron Cartago: tienes algo de Diana cazadora, de Venus mortal… tu negra cabellera coronando tu estatua

Eres un bien, oh desconocida belleza, que irradia vital vida vivida

Mientras existan Evas como tú, no estará muerto mi espíritu, ya que mi religión, no es otra, que el culto entregado a tu belleza.

Cosa

No quiero otra cosa que tu cercanía

Eres mi deleite supremo

No quiero nada más allá de ti

Eres para mí lo invariable siempre necesario, mi aire, mi elán, mi máximo anhelo

Oh gozosa inigualable mujer, coincides a la micronésima con el campo que en mi corazón corresponde al amor

Doy por ti gracias al cielo: más que a nada te amo, más te quiero.

Asistir

Hay tristezas abisales en su hondura, que torturan sin piedad durante un tiempo

Y un mezquino consuelo en el olvido, que cura lo que la vida tiene herido.

El dolor se aplaca con el tiempo, el dolor se aplaca envejeciendo,

como un árbol, un cactus, o una nube ocupa el paisaje del que siente, acompaña las noches y los días del cobarde, del loco y del valiente

Tú fuiste mi dolor, mi amor ausente, al verte de nuevo no decido, si me interno otra vez en tus caminos o me baño en las aguas del olvido.

Luz

Aunque quiera sumirte en el olvido, y que otra sea mi musa, yo no puedo, pues sigues siendo tú a quien yo quiero y tu vida exijo por entero así musito para adentro lleno de dolor y desengaño: mi alma perdió el verde y el azul, el rojo, el lila, el amarillo, sólo manchones negros azabache ahogan a la pobre luz que me ilumina, que destella débilmente, sin amar ni a la muerte ni a la vida

Y aún así exijo tu alma por entero: quiero tu cuerpo, y suplico tu amor, oh Dios, porque te quiero

Que lo vivo, al fin, ya no esté muerto, que mi corazón ascienda, desde el submundo hasta el cielo: que nos queramos sin fin, y que lo malo sea bueno.

Ante la lejana presencia

Ante la lejana presencia de tu vida sólo me queda pedir que mi soledad duela menos, sea menos fuerte, que el amor sin medida que te debo

Savia

Envuelta en una luz descolorida, encogida bajo pórticos grises, la pasión que no satisface su deseo puede sublimar la selva en poético jardín, pero anegará la savia como la mar ahoga al pájaro que deja de volar, acabando con la luz, el azul, las tardes y los besos

Y ojalá que la furia no se alíe con el mal, si para ti yo desaparezco.

Espérote

Yo te espero en la noche del destino, cuando se descoyuntan todas las historias y puede germinar la fantasía

Te espero bajo lunas reptilianas, sobre el alma inconsciente de la arena, oyendo caer los cuerpos desde rascacielos verdes te espero. Te espero en el purgatorio porque solo quiero verte.